lunes, 30 de agosto de 2010

Capítulo 8


Así que era real, una de nuestras compañeras se había acostado con el profesor de tecnología.
-          Será mejor que te sientes – me advirtió.
-          No lo necesito. Dime quien es.
-          Selena – dijo al fin.
-          ¿Selena? – la miré incrédula - ¿Me estás diciendo que una de mis mejores amigas se acuesta con nuestro profesor?
-          Exactamente eso es lo que he dicho – suspiró – Pero aun no te lo he contado todo.
-          No sé si soportaré otra noticia como esta.
-          No es otra noticia, es parte de esta – hizo una pausa.
La miré pidiéndole que continuara, que acabara de una vez por todas con la noticia.
-          Selena está embarazada, Mark no quiere hacerse cargo de nada y…
-          ¿Y qué? – pregunté exaltada.
-          Ella está convencida de que quiere tener al bebe – concluyó.
Si Dana no me hubiera agarrado me hubiera caído al suelo en el acto.
-          Sabía que era demasiada información junta – murmuró para sus adentros.
Salí del baño y eché a correr buscando a Selena.
Necesitaba verla, que ella misma me contará todo.
Estaba sentada en uno de los bancos del patio.
Al verme se levantó y me dio un abrazo.
-          Apenas te he visto desde que volviste de Miami – sonrió.
-          ¿Sabías que las noticias vuelan? Dime, por favor, que todo es mentira.
Dana apareció detrás de mí.
Selena y ella se miraron.
-          Es cierto – contestó al fin – Y no conseguirás que cambie de opinión.
-          No intento hacerte cambiar de opinión. Solo quiero que pienses en las consecuencias, que valores las posibilidades, que no te precipites…
-          Todo eso ya me lo ha dicho Dana – me miró - ¿También vas a decirme que debo contárselo a mis padres y al director?
-          ¡Por supuesto! – la miré confundida - ¿Qué pensabas hacer?
-          No decir nada hasta…
-          ¿Hasta que sea demasiado obvio? – la interrumpió Dana – Entiendo que tengas miedo, pero no te dejaremos sola.
Nos dimos un abrazo.
No podía creer todo lo que me había perdido en dos semanas.
Ahora entendía porque Selena no se había apuntado este año a tecnología, siempre le había encantado la asignatura pero supongo que no quería ver a Mark.
Erik se me acercó por la espalda y se unió al abrazo.
-          ¿Qué celebramos? – preguntó.
-          No celebramos nada – contestó Selena – No es de tu incumbencia.
Los miré a los dos alternativamente.
El rostro de Selena estaba surcado por las lágrimas.
Erik seguía con aquella estúpida sonrisa en la cara.
-          ¿Te hace gracia? – pregunté separándolo de Dana y Selena.
-          Que tu amiga sea una cualquiera y se halla quedado embarazada no es mi problema.
-          ¿Cómo sabes eso?
Le dí la espalda y me acerqué a Selena.
Erik me agarró con fuerza por el brazo.
-          ¡Venga, Án! No es problema nuestro.
-          No me has respondido.
La expresión de Erik cambió, ya no sonreía.
Me daba miedo su forma de mirarme y me preocupaba que hubiera descubierto el secreto de Selena. ¡Sólo lo sabíamos nosotras!
Erik aun no había soltado mi brazo y empezaba a hacerme daño.
-          Suéltame.
-          No entiendo tu reacción. ¿Qué más da que lo sepa? – preguntó.
-          Nadie lo sabe, solo nosotras tres. Y acabas de insultar a mi amiga – intenté soltarme de nuevo.
-          Ella no es tu amiga, ellas no son como tú.
-          ¿Cómo soy yo? – grité.
Me dolía el brazo, empezaba a creer que nunca me soltaría.
-          Suéltala – escuché una voz a mis espaldas.
Erik soltó mi brazo.
Me giré, era Pablo.
-          No creas que esto se ha terminado – Erik se alejó.

Capítulo 7


Llevaba dos semanas sin ver a Dana y las demás.
Mis padres se las habían arreglado para que el director nos permitiera a Erik y a mí pasar unos días con ellos en Miami.
Mientras estábamos de “vacaciones” la colección Ángel empezó a tomar forma.
Ya habíamos comprado más de veinte tiendas diseminadas por el mundo y yo había empezado a diseñar algunos trajes.
Me asustaba el buen recibimiento de Erik por parte de mis padres, era como si llevaran toda la vida deseando vernos juntos.
Me estaba acostumbrando a pasar el tiempo con él, empezaba a adorar sus sonrisas y me tranquilizaban sus palabras, pero los sueños del ángel seguían en mi mente.
Hoy ambos reanudábamos las clases.
A pesar de que había hablado por teléfono con Dana tenía muchas ganas de verla y contarle todo lo que había sucedido en los últimos días.
Aparqué el coche y salí con rapidez.
Vestía una camiseta de manga corta en color verde claro y unos vaqueros pitillo con unos zapatos vaqueros.
El pelo lo traía recogido en un sencillo moño.
Dana se acercó corriendo al reconocer el Lamborgini.
Me abrazó con fuerza.
-          Estás preciosa – me halagó - ¡Te has puesto morena en Miami! Tienes que contármelo todo.
-          Entremos que se nos hace tarde – dije tirando de ella – Te lo contaré en clase.
La gente se me quedaba mirando.
Todo el mundo sabía que había faltado dos semanas.
Vi a Tesa sentada en una de las escaleras, apartó la mirada.
Sentí unas manos en mi cadera y me giré para encontrarme con la sonrisa de Erik.
-          Ya te echaba de menos – susurré.
-          Me había acostumbrado a despertar a tu lado todos estos días – sonrió.
Le dí un pequeño beso y tiré de Dana hacia la puerta.
-          Luego te veo – me despedí.
Avanzamos por el pasillo hasta llegar al aula de historia, el director aun no había llegado.
-          Ahora si que tendrás que contármelo todo – pidió Dana – “Me había acostumbrado a despertar a tu lado todos estos días”
Sonreí ante la pobre imitación de Erik.
-          ¿Paso algo verdad? – me preguntó casi en un susurro.
-          Mis padres solo alquilaron dos habitaciones así que la compartimos – contesté divertida.
-          Sabes a que me refiero – me miró expectante.
-          No paso nada.
-          ¡Ángela! Tienes diecisiete años, recién cumplidos, y has pasado dos semanas enteras con tu novio que es, además, el más deseado del instituto.
-          Dana – la reprendí - ¡Solo llevamos dos semanas! No quiero hacer algo de lo que luego me arrepienta – concluí.
-          ¡Está bien, está bien!
En ese momento Frederic llegó y empezó la clase.
Después de una clase, que me pareció interminable, sobre arquitectura antigua, nos dirigimos a biología.
Siempre era agradable ir a clase de Audrey. Al ser pocos alumnos y todos interesados en la materia, las clases eran rápidas y llevaderas.
Me senté con Dana en nuestro pupitre habitual y saludé a Selena.
-          Tengo que contarte algunas novedades que ha habido en estas dos semanas – me informó Dana – Pero mejor en el recreo.
-          De acuerdo.
Audrey hizo acto de presencia y enseguida se percató de mi regreso.
-          ¡Ángela! ¿Cómo estás? ¿Te han sentado bien estas dos semanas? – preguntó.
-          Estoy muy bien, Audrey. Sí, gracias por preocuparte.
Mientras ella empezaba la clase, observé al resto de la clase.
Allí estaba él, Pablo, el chico de mis sueños, literalmente.
Me miró y aparté la mirada avergonzada, esperaba que no se hubiera dado cuenta.
Cuando se terminó biología Dana me arrastró hasta el baño.
-          Haber cuéntame.
-          Últimamente han circulado rumores sobre el profesor Mark – comenzó.
-          ¿Qué clase de rumores?
-          Se cuenta que ha mantenido relaciones con una alumna – me explicó.
No daba crédito a lo que acababa de oír.
-          Incluso el director se plantea tener que echar a su propio hermano – dijo – Pero el caso es que a ti y a mi nos afecta más de lo que crees.
-          ¿Por qué? – pregunté preocupada.
-          Porque he descubierto quien es esa chica.

domingo, 29 de agosto de 2010

Capítulo 6


Recuperé la consciencia poco después en la enfermería del instituto.
-          ¿Estás bien? – Dana se encontraba a mi lado.
Intenté levantarme pero me mareé.
-          Te has dado un buen golpe – dijo Dana – Nos has asustado.
-          ¿Qué ha ocurrido con Tesa? – pregunté.
-          No te molestará durante algunos días, la han expulsado – me explicó – Pero volverá.
-          Siempre vuelve – sonreí.
Dana me ayudó a incorporarme.
Me quedé sentada sobre la camilla.
-          ¿Se supone que sales con Erik?
-          Supongo que eso es lo que he dado a entender – la miré – Tal vez sea hora de darle otra oportunidad.
-          Ten cuidado, ¿vale? No quiero que vuelva a hacerte daño.
-          Lo tendré – nos abrazamos.
Debido al incidente con Tesa nos habíamos perdido la primera clase así que nos dirigimos a clase de historia.
Cuando llegamos Frederic Call, que además de director era el profesor de historia, se nos acercó.
-          ¿Te encuentras bien? – me preguntó.
-          Estoy mejor – dije dedicándole una pequeña sonrisa.
-          No sabes cuanto lamento lo ocurrido. Hemos informado a tus padres.
-          ¿A mis padres? – miré a Dana desesperada - ¿Le han dicho algo?
-          Me comunicaron que vendrían a recogerla – explicó.
Eso si que no me lo esperaba.
Apenas veía a mis padres. Exceptuando las navidades y alguna otra celebración. Antes venían a verme el día de mi cumpleaños, para el que faltaban tres días, pero ahora ya no.
Sin embargo, los vería dos días seguidos.
-          Señor Frederic – Erik se nos acercó – Me ha llegado un mensaje del padre de Ángela. Necesito permiso para irme con ella.
-          Pero – el director nos miró dubitativo – Bueno, supongo que no pasará nada porque se salte las clases de hoy.
Erik y yo abandonamos la clase de historia y salimos a la entrada.
Ambos nos montamos en el coche y conduje hasta casa.
-          Ángela – Adelle corrió a abrazarme – Tesa Hupelf siempre ha sido una chica conflictiva.
Sonreí para mis adentros. Adelle siempre se preocupaba por mí, a veces en exceso.
Entramos en casa y nos sentamos en el sofá a esperar.
-          ¿No te parece extraño que mi padre te reclame dos días seguidos? – le pregunté a Erik.
-          ¿No te lo parece a ti que te visite dos días seguidos? – contrarrestó él.
Ambos nos echamos a reír.
-          Me alegro de que me dieras una oportunidad – dijo – No te defraudare.
Mi madre entró en casa sin esperar siquiera a que Adelle le abriera.
-          Estábamos preocupadísimos – dijo con una efusividad inusual en ella.
Mi padre se acercó y abrazó a Erik.
-          Gracias por cuidar de mi pequeña – le dijo – Eres un buen muchacho.
Lo miré perpleja, Erik tenía la misma expresión en su rostro.
-          He hablado con los padres de Tesa – continuó mi padre dirigiéndose a mí – La familia Hupelf siempre nos ha respetado. Esa jovencita dejará de molestarte, tenlo por seguro.
-          No hacia falta tantas molestias papa – dije abrazándole.
-          ¡Te ha tirado por las escaleras! – se escandalizó mi madre – Claro que hacía falta.
Me eché a reír, los veía tan pocas veces que había olvidado muchos aspectos de su forma de ser. Como lo exagerada que era mi madre, aunque tenía buenas intenciones.
-          Cambiando de tema – mi padre miró seriamente a Erik – Espero que trates bien a mi hija.
¿Cómo sabía mi padre que salía con Erik?
-          El señor Call nos lo ha contado todo – explicó mi madre como si me hubiera leído el pensamiento – Estamos encantados de tenerte en la familia – finalizó sonriéndole a Erik.
-          ¡Mamá! ¡Hemos empezado hoy! No hace falta que le des la bienvenida a la familia.
-          ¡Cuántas veces te he dicho que hay que ser educados! – dijo ella sin inmutarse.
Me acerqué a ella y la abracé con fuerza.
-          ¿Sabes? Te quiero – dije.
-          Yo también te quiero cielo.

Capítulo 5


Me desperté.
Esta vez no estaba asustada, no me caían las lágrimas y no había gritado.
Aun así el sueño seguía torturándome.
Por fin había visto la cara del ángel, la cara de Pablo.
Miré el reloj, apenas eran las cinco de la mañana, pero no era capaz de seguir durmiendo.
Me levanté y fui al baño a darme una ducha.
La sensación del agua caliente resbalando por mi piel me relajó y durante unos instantes me olvide de todo, incluido el sueño.
La voz de Adelle me sobresalto.
-          Ángela llevas una hora en la ducha. ¿Estás bien? – preguntó preocupada al otro lado de la puerta.
-          No te preocupes, ahora salgo – grité.
Prácticamente me había quedado dormida.
Salí de la bañera y me arreglé el pelo frente al espejo.
-          Creí que te había pasado algo – comentó Adelle al verme.
Le sonreí levemente y entré en mi habitación.
Aun tenía dos horas antes de pasar a recoger a Dana pero decidí arreglarme y pasar a recoger también a Selena.
Escogí un sencillo vestido corto en color negro y unas sandalias a juego.
Me pinté la raya de los ojos sin marcarla mucho y bajé a desayunar.
-          Te he preparado tostadas – dijo Adelle – Están sobre la mesa del comedor junto a un zumo de naranja y un café.
-          Gracias Adelle – le dí un pequeño abrazo.
Cuando terminé cogí las llaves del Lamborgini y me subí en él.
Llegué a casa de Dana media hora antes de lo previsto, pero la casa de Selena quedaba bastante lejos.
-          ¿Qué haces aquí tan pronto? – preguntó.
-          He pensado que hoy podríamos recoger a Selena – expliqué – Así me disculparé por la reunión de ayer.
Dana se montó en el coche a mi lado y fuimos a por Selena.
-          ¡Ángela! – Selena se acercó sorprendida.
-          Hola – saludamos Dana y yo.
-          ¿Y esta sorpresa?
-          Ya ves – sonreí – Pensamos que tal vez te apetecía que te lleváramos a clase.
-          ¡Claro! Avisaré a mi padre.
Selena volvió en cinco minutos y pusimos rumbo al instituto.
Cuando llegamos Erik estaba esperándome en la puerta.
Intenté evitarle pero me agarró por el brazo y me acercó a él.
-          Tenemos que hablar – dijo.
-          ¿No te parece que ayer ya lo dijimos todo?
-          ¿Cuándo me creerás? – suspiró.
-          Cuando me demuestres que es cierto lo que dices – contesté.
Erik me atrajo aun más hacia él y me besó.
-          ¿Qué haces? – grité apartándome.
Todo el mundo nos miraba.
-          Estoy demostrándole a la chica que quiero mis sentimientos – sonrió.
Estaba a punto de decirle que probablemente era demasiado tarde para todo eso, que en su momento me había echo mucho daño, cuando se nos acercó Tesa.
-          ¿Me dejaste por ella? – le gritó.
Empecé a ponerme roja, éramos el centro de atención.
-          No puedo creérmelo – continuó Tesa mirándome enfurecida – Eres despreciable, no te bastaba con quitármelo todo, también tenías que quedarte él.
-          Pero si ha sido cosa suya – intenté defenderme.
Tesa se acercó a nosotros.
-          Me das asco – dijo.
En ese momento me harté, llevaba años aguantando los desprecios de Tesa, sus insultos, incluso sus golpes.
Yo no había echo nada malo, yo no había elegido ser “la hija de los Venn”.
Tesa se dirigía triunfal a la puerta.
-          Tesa – la llamé – Mírame bien.
Se giró para decir algo más y entonces besé a Erik.
Lo abracé con fuerza y sentí su corazón acelerado junto al mío.
Erik sonreía.
-          Serás…
No tuve tiempo de esquivarla, Tesa se abalanzó sobre mí y me empujó por las escaleras.

Capítulo 4


Llevábamos más de dos horas de compras, el maletero estaba cargado de bolsas.
-          Adelle me matará – dije sonriendo – Tengo el vestidor lleno.
-          Imagínate nosotras – dijo Vera refiriéndose a Dana y a ella – Compartimos habitación y por tanto también vestidor.
-          Algún día me librare de ti – bromeó Dana.
Selena salió de la última tienda en la que habíamos entrado y se nos acercó corriendo.
-          ¿Adivinar quien está ahí dentro?
-          ¿Erik? – preguntó Vera.
La mención del nombre de Erik me recordó nuestra conversación, aún no se lo había contado a las chicas, ni siquiera a Dana.
-          Mucho mejor.
-          ¿Pablo? – preguntó Dana sorprendida.
Selena asintió.
-          ¿Quién es Pablo? – preguntó Vera.
-          El chico nuevo – contestamos nosotras a coro.
Nos echamos a reír.
En ese momento Pablo salió de la tienda.
-          ¡Vaya! - dijo al vernos – Tres olas del Océano aquí reunidas. ¿Y quién es la otra chica?
-          Me llamo Vera – se presentó – Soy la hermana de Dana.
Pablo llevaba unas bolsas en la mano.
-          ¿Tú también estás de compras? – pregunté.
-          Un par de cosas – sonrió – A vosotras no os veo ninguna bolsa.
Selena se acercó al coche y abrió el maletero.
-          ¡Hay unas cuantas! – exclamó sorprendido – Por cierto, bonito coche.
-          Es de Ángela – explicó Dana.
-          ¿Quieres dar una vuelta? – pregunté divertida.
-          Quizás en otro momento, ahora tengo que irme.
Subimos al coche y conduje hasta mi casa.
Cuando llegamos Erik estaba en el salón.
-          ¿Qué haces aquí? – pregunté.
-          Tu padre me pidió que viniera – contestó – Tenemos una reunión en diez minutos.
Llamé a Adelle.
-          ¿Te comunicó mi padre que iba a venir? – pregunté.
-          Llamo hace media hora, me pregunto por ti. Quería que estuvieras presente en la reunión. Le dije que habías salido pero que seguramente volverías a tiempo, pensaba llamarte.
-          Gracias Adelle.
Un coche se detuvo en el exterior de la casa.
-          Supongo que ha llegado – dije.
Adelle abrió la puerta y entraron mis padres seguidos de su ayudante personal.
-          Ángela – mi padre me abrazó – Has llegado.
Observó a las chicas un instante.
-          ¿Son tus amigas, verdad? – preguntó mi madre.
-          Dana, Vera y Selena – las presenté.
-          Chicas, la reunión es privada pero no tardaremos mucho si queréis podéis esperar en la habitación de Ángela.
-          No se preocupe señora Venn – intervino Dana – Mi casa está cerca de aquí, subiendo la cuesta. Cogeremos las bolsas y nos iremos.
-          Gracias.
Les sonreí y me senté en el sillón al lado de mi padre.
-          Bueno, supongo que ya conoces a Erik – dijo él en cuanto se fueron.
-          Lo conozco.
-          Bien. Erik será el director de nuestra nueva empresa – explicó mi madre.
Los miré desconcertada, Erik hizo lo mismo.
-          ¿Para qué pensabas que te llamaba? – le preguntó mi padre.
-          No tenía ni idea – admitió.
-          Nuestra nueva empresa será en realidad de Ángela – todos me miraron.
-          No sé si sabes que Ángela siempre quiso crear su propia colección de ropa – continuó mi madre – Tu labor será distribuir las tiendas y controlarlas.
No sabía que decir. De pequeña les había dicho a mis padres que me gustaría tener mi propia colección pero nunca creí que se hiciera realidad.
-          Es nuestro segundo regalo de cumpleaños – dijo mi madre dándome un beso – Espero que te guste cielo.
-          Claro que me gusta – contesté.
Aunque la elección de Erik como presidente no me agradaba mucho.
-          ¿Cómo se llamará la colección? – pregunté.
-          Ángel – mi padre me sonrió satisfecho.
Tal vez mi sueño significaba eso, tal vez era un recuerdo de la colección que quería tener desde niña.
La reunión con mis padres se terminó y ellos se marcharon.
-          Piensa en lo que te he dicho esta mañana – me recordó Erik antes de irse.
Cuando todos se fueron llamé a Dana y le conté todo. Lo que había ocurrido con Erik y lo de la colección de ropa.
Después me fui a la cama y volví a tener el mismo sueño.
Solo que esta vez vi la cara del ángel.

Capítulo 3


-          Hola de nuevo – me saludó al verme.
Miré a Dana y Selena interrogante.
-          Le estábamos diciendo a Erik que no sabíamos donde estabas – dijo Dana.
-          Pero ya estas aquí – añadió Selena.
Erik sonrió.
-          Dana, Sel, ¿podéis dejarnos un minuto a solas? – pregunto.
-          Claro – Dana tiró de Selena hacia la puerta – Te esperaremos en las escaleras.
Asentí con la cabeza y me giré hacia Erik.
-          ¿Qué quieres?
-          Creo que hemos empezado el nuevo curso con mal pie – dijo.
-          No importa, no tenemos porque llevarnos bien.
-          Yo quiero llevarme bien contigo – me susurró al oído.
-          Bueno, pues nos llevaremos bien – concluí.
Comencé a caminar en dirección a la puerta pero Erik me agarró del brazo.
-          ¿Te he dicho que hoy estás muy guapa?
-          Mejor díselo a tu novia que para eso la tienes – intenté soltarme.
-          Tesa y yo ya no estamos juntos – explicó – Ella no eres tú.
¿Erik me estaba diciendo que quería algo conmigo?
-          Se parece a ti, pero no es lo mismo. Lo mío con Tesa fue un gran error.
-          ¿Acaso es una broma? ¿O quieres que Tesa me odie aún más? – pregunté.
-          ¿Crees que bromearía sobre mis sentimientos? – estaba a  punto de responder que me esperaba cualquier cosa de él – Ángela, te quiero.
Me quedé quieta, sin saber que hacer ni que decir.
No podía creerme lo que acababa de oír. No podía ser cierto que el chico más admirado del instituto me quisiera de verdad.
-          No es cierto – conseguí decir – Solo te intereso por mi familia.
-          Yo también soy rico, mi familia también es importante. Que seas la más popular no cambia lo que siento por ti.
-          Yo no siento lo mismo. No me agrada tu forma de ser.
-          Solo conoces una parte de mí, la parte que necesita destacar, la parte que se adapta al Océano.
-          Pues esa parte no me gusta – contesté.
Me alejé corriendo, pase de largo las escaleras y me encerré en el baño.
Recordaba el primer año de instituto, el año en que conocí a Erik.
Él había llamado mi atención, al igual que la del resto del mundo.
Aquel año pensé que él también sentía algo por mí pero solo quería aprovecharse de mí, como la mayoría de la gente.
En tercero había salido con Dana y durante un tiempo estuvimos enfadadas. Luego su relación se terminó y Dana y yo arreglamos la situación.
El año anterior empezó a salir con Tesa y ahora decía que solo la quería porque se parecía a mí, decía que me quería.
Sonó el timbre que anunciaba la próxima clase, inglés.
Me dolía la cabeza.
-          ¿Estás bien? – me preguntó Audrey al verme.
-          Solo me duele la cabeza – contesté quitándole importancia.
-          Deberías irte a casa – me recomendó – No te preocupes yo avisaré a los profesores y justificaré tu falta.
-          ¿Puede hacerme un favor más? – pregunté.
-          Por supuesto – sonrió.
-          Dile a Dana que pasaré a recogerla a la salida.
Me fui a casa.
Subí a la moto y aceleré hasta alejarme del instituto.
Adelle salió a recibirme.
-          Me ha llamado la jefa de estudios – dijo - ¿Estás bien?
-          No te preocupes. Supongo que han sido muchas emociones juntas – respondí – Ahora solo quiero descansar. Más tarde iré a recoger a Dana.
Subí a mi habitación y me tumbé encima de la cama.
La cabeza me daba vueltas.
Me quedé dormida.
Adelle me despertó a la una y media.
-          Ángela tengo que salir a comprar. Tienes una lasaña en el horno. Espero que te guste.
-          Gracias – sonreí.
La lasaña era mi comida preferida. Adelle lo sabía y me la hacía de vez en cuando.
Entré en la cocina y cogí un trozo.
La comí mientras veía la televisión.
Cuando acabe eran las dos menos diez.
Aún me sobraba tiempo pero entré en el garaje, me subí en el Lamborgini y fui a recoger a Dana.
Cuando llegué al instituto aparqué junto a la puerta y me bajé del coche.
Al poco tiempo sonó el timbre de salida.
Dana se acercó a mí al verme.
-          Audrey me avisó de que te habías ido – dijo - ¿Vuelta a casa en el Diablo?
-          Por supuesto – sonreí – Aunque he pensado que tal vez te apetezca ir a algún sitio.
-          ¿Qué tal de compras?
-          Claro – contesté – Iremos a decírselo a tus padres y nos vamos.
Selena se nos acercó.
-          ¡Chicas! Mi padre me ha llamado por teléfono, no puede venir a buscarme – explicó - ¿Os importaría llevarme?
-          Claro que no. ¿Quieres venir de compras? – la invité.
-          Por supuesto.
Montamos en el coche.
Cuando llegamos a casa de Dana estaban su madre y su hermana, Vera.
Vera no iba a nuestro instituto ya que todas sus amigas estaban en el otro instituto privado de la ciudad.
-          ¿Te apetece venir a ti también de compras? – le pregunté.
Se subió en el coche.

Capítulo 2


Cuando la ceremonia de presentación concluyó nos entregaron un papel con los horarios de las clases y nos dispersamos.
Dana, Selena y yo teníamos clase en el mismo sitio, el aula de biología.
Cuando llegamos la profesora, Audrey Keller, ya estaba sentada en su mesa.
-          Ángela – me saludó con efusividad y se acercó para darme un abrazo.
-          Profesora – saludé.
-          Sabes que puedes llamarme Audrey – dijo sonriendo – Dana, Selena, me alegro mucho de veros chicas. Sin duda mis tres mejores alumnas.
Ocupamos nuestros pupitres y Audrey regresó a su mesa.
Me fije en que Pablo también iba a esa clase y otros dos chicos que recordaba de cursos anteriores.
Biología no era una de las asignaturas más solicitadas, pero era una de las que más me atraían.
La clase transcurrió con rapidez.
Hablamos sobre el temario, la forma de dar las clases, programamos los exámenes…
-          Ángela – me llamó Audrey al finalizar.
Me acerqué a ella.
-          Me gustaría que ayudaras al nuevo alumno en todo lo posible – explicó – Creo que eres la más adecuada para ello.
-          Por supuesto – respondí con una sonrisa.
Dana y Selena ya se habían ido a sus clases así que me fui sola a tecnología.
Pablo también estaba en esta clase así que me acerqué a hablar con él.
-          Perdona,  la señorita Audrey me ha pedido que te ayude con las clases de biología – dije – Si necesitas cualquier cosa o tienes alguna duda estaré encantada de solucionártela.
-          ¿Por qué quieres ayudarme? – preguntó secamente - ¿Para agradar a Audrey? No necesito tu ayuda, ni la de nadie.
Se sentó en uno de los pupitres dejándome allí quieta sin saber que hacer.
El profesor de tecnología, Mark Call, era hermano del director.
-          Ángela – me saludo – Si no tienes sitio puedes sentarte aquí con Tesa – dijo señalando un pupitre vacío.
Tesa Hupelf era la chica del instituto que más me odiaba.
Era alta, de pelo largo y rizoso en color negro, delgada y de ojos verdes.
La mayoría de alumnos del instituto decía que parecíamos idénticas.
Y por eso me odiaba Tesa, porque a pesar de nuestro asombroso parecido la mayoría de la gente se fijaba más en mí.
No era culpa mía, solo les interesaba mi apellido.
Todo se resumía a que yo era la hija de los Venn.
Me senté a su lado y vi como me dirigía una mirada de odio.
-          Bien, ya podemos empezar la clase – sonrió el señor Mark.
La clase de tecnología no me disgustaba, aunque lo que verdaderamente me interesaba era la parte de informática que empezaríamos a mitad de curso.
Tras las clases me reuní con Dana y Selena en la cafetería.
Nos sentamos en una mesa del centro, la misma de siempre.
Dana se acercó a la barra y pidió tres fantas de limón.
En el primer recreo solíamos beber algo y dar una vuelta por el patio, en el segundo todo el mundo iba a la cafetería a comer.
-          ¿Qué tal va vuestro primer día? – preguntó Dana depositando las fantas en la mesa.
-          Tecnología con Tesa – contesté.
-          Supongo que no es la mejor compañía – comentó Dana.
Todas nos reímos.
-          A mí me va bastante bien – sonrió Selena.
-          La verdad es que yo no puedo quejarme – dijo Dana.
Bebí un sorbo de la Fanta y miré a las chicas.
-          ¿Qué os parece el nuevo? – pregunte.
-          Un bombón – contestó Selena mientras tiraba su Fanta, ya terminada, a la basura.
-          Interesante – Dana me miró - ¿Y a ti?
-          Un clon de Erik, un engreído – dije.
Dana y Selena me miraron preocupadas.
-          Veo que he causado una mala primera impresión – dijo Pablo detrás de mí.
Miré a Dana muerta de vergüenza y sin saber que hacer, finalmente miré a Pablo.
-          Siento el comentario – comencé.
-          Creo que tienes razón – me interrumpió – Me he portado como un auténtico imbécil en tecnología.
Mis amigas se levantaron.
-          Luego nos vemos – se alejaron.
Pablo cogió una silla y se sentó a mi lado.
-          No debería haberte hablado así – continuó – Pero no necesito tu ayuda.
-          De acuerdo – sonreí levemente – Prefiero que me lo digas de esta forma.
Se marchó.
Era un chico extraño. Primero me trataba como a un trapo, luego se disculpaba y desaparecía al instante. Supuse que era tímido o que tal vez yo no era de su agrado.
Salí al patio y busqué a Dana y Selena, estaban en una esquina y Erik estaba a su lado.

sábado, 28 de agosto de 2010

Capítulo 1

Comprobé el reloj de mi mesita, eran las ocho y diez, sino me daba prisa llegaría tarde al primer día de clase.
Me puse en pie de un salto y corrí hasta el baño.
Tenía el tiempo justo para una ducha rápida, no podía distraerme.
Cuando terminé me dirigí al armario para escoger la ropa.
Tras unos minutos de incertidumbre me decanté por unos piratas vaqueros y una camiseta roja de tirantes. Escogí unas sandalias negras y me peiné el pelo en una sencilla coleta.
Miré de nuevo el reloj, tenía diez minutos para desayunar y pasar a recoger a mi amiga Dana.
Descendí las escaleras con rapidez.
Adelle tenía mi desayuno preparado, unos cereales y una tostada.
Comí, me despedí de ella y entre en el garaje.
Dejando a un lado mi flamante Lamborgini diablo, cortesía de mis padres, me coloqué el casco y me subí en la Kawasaki Ninja que había llegado el día anterior como regalo por mi decimoséptimo cumpleaños, aunque aún faltaba una semana.
Arranqué sintiendo la adrenalina correr por mis venas, aceleré y ascendí la cuesta que me separaba de casa de Dana.
-¿Este es tu nuevo regalo de cumpleaños? – preguntó al verme.
-Exacto – sonreí.
Le entregué un casco y se subió a la moto.
Aun faltaban cinco minutos para la entrada cuando llegamos al instituto, el Océano.
-Ha sido increíble – Dana se bajó de la moto con rapidez.
Sonreí recordando los latidos acelerados de su corazón al subir.
-No sabía que eras tan buena motorista – dijo una voz a mis espaldas.
Me giré y mis ojos se encontraron con los de Erik Carell.
Erik era, sin lugar a dudas, el chico más deseado del instituto pero a mí me parecía un creído y un prepotente.
-Gracias por el cumplido Erik.
-De nada Venn – sonrió.
-No me llamo Venn – dije cortante – Ángela, me llamo Ángela.
-¿Te molesta que te llames por tu apellido, Venn? – preguntó riendo.
-Me molesta que me hablen por mi apellido – contesté – Si solo me halagas por los padres que tengo ya puede irte.
Me alejé con Dana pisándome los talones.
Entramos en el instituto y fuimos al salón de actos, donde cada año presentaban a los alumnos clase por clase.
Nos sentamos en unas sillas del final, el salón estaba medio vacío pero pronto empezó a entrar gente.
Cuando sonó el timbre todos los alumnos del instituto estaban sentados.
El director, Frederic Call, citó a los alumnos del primer curso de la ESO y estos subieron al escenario.
Curso por curso se repitió la misma operación, hasta llegar a segundo de bachillerato, el último curso, mi curso.
Dana y yo subimos al escenario seguidas de viejos compañeros de clase y de un chico nuevo.
-En este curso hay una incorporación al instituto – explicó el director – Demos la bienvenida a Pablo Dever.
El chico dio un paso al frente y pude verlo mejor.
Era bastante alto y tenía un cuerpo envidiable. Llevaba el pelo corto, negro como el carbón, de punta. Al darse la vuelta para que lo viéramos, sus ojos negros emitieron un destello dorado.
Dana me pegó un suave codazo.
-Es aún más guapo que Erik – susurró.
Erik no era nada comparado con Pablo. A pesar de que sus ojos verdes y su pelo rubio atraían todas las miradas le había salido competencia.
-Me gustaría que os presentarais ante vuestro compañero – pidió el director.
Uno a uno fuimos diciendo nuestros nombres.
-Me llamo Ángela – comenté cuando me llego el turno – Ángela Venn.
Por un instante los ojos de Pablo y los míos se encontraron y me sentí como si ya lo conociera, como si siempre lo hubiera conocido.
-Mi nombre es Erik Carrell, oirás hablar de mí – se presentó Erik – Todas las chicas del Océano suspiran por mí.
-Ahórrate ese todas Carrell – dijo Selena Turner, una de mis amigas.
Sonreí.
Erik pareció ignorar el comentario y la miró con aires de superioridad, el chico nuevo estaba a punto de volver a su sitio cuando Erik habló.
-Hasta la mismísima Ángela Venn está enamorada de mí – añadió riéndose.
Todas las miradas se volvieron hacia mí.
Erik sonrió complacido, el chico nuevo me miró interrogante y en los ojos de Selena se leía un atisbo de culpabilidad.
-Más quisieras – murmuré.

Prólogo


Me desperté sobresaltada, de nuevo aquel extraño sueño.
Había un chico frente a mí, no podía verle la cara ya que estaba de espaldas. De repente unas enormes alas brotaban de su espalda, cada pluma, de un blanco brillante, reposaba impecable sobre su cuerpo, unos destellos dorados daban la impresión de que las plumas respiraban. El joven empezaba a girarse y entonces despertaba.
Llevaba dos semanas teniendo el mismo sueño, siempre despertaba en el mismo momento.
-          Ángela – mi criada, Adelle Sant, entró preocupada en mi habitación - ¿Qué ha ocurrido?
Me sequé las lágrimas con el borde de la sabana.
Siempre despertaba alterada, el sueño me asustaba y me atraía a la vez. Deseaba poder ver la cara del chico, terminar con el sueño de una vez por todas.
-          ¿Es otra vez esa extraña pesadilla? – preguntó.
Asentí suavemente demasiado compungida para hablar.
Adelle se sentó en el borde de la cama y me apretó las manos con fuerza.
-          Tranquila – susurró – Solo es un sueño.
Pero yo seguía sintiendo que era algo más.
El sueño me atormentaba día tras día, nunca desaparecía.
-          Tiene que tener algún sentido – murmuré – Algún sentido.
-          ¿Qué sentido puede tener un ángel? – preguntó Adelle recordando mi explicación sobre el sueño.
-          No lo sé, pero tiene que tenerlo.
Adelle se acercó a mi escritorio y cogió una pequeña libreta y un lápiz.
-          ¿Crees que podrías dibujarlo? – me preguntó – Tal vez así le encontremos una explicación.
Apoyé la libreta en mis rodillas y empecé a dibujar mi sueño.
Cuando termine Adelle miró el dibujo con detenimiento.
-          Sabes que no soy religiosa – comenzó – Pero estoy segura de que ninguna religión describe así a los ángeles.
Sopesé su conclusión durante un instante, tenía razón.
-          No se me ocurre ningún lugar donde puedas haber oído semejante descripción – prosiguió – Debe ser cosa de tu imaginación.
-          ¿Mi subconsciente se ha imaginado esto?
-          No lo sé – respondió – Parece un chico joven, puede que incluso atractivo aunque no podamos verle la cara.
Adelle hizo una pausa y me miró dulcemente.
-          Quizás estés enamorada de alguien – sonrió – Y tu mente lo imagine como un ser angelical.
-          No estoy enamorada – dije – Pero, además, en el sueño el ángel me inspiraba temor. Me sentía atraída y a la vez temerosa de él.
-          Entonces no entiendo el sueño – concluyó frustrada.
Me acarició la mejilla secando así las últimas lágrimas y salió de la habitación.