domingo, 29 de agosto de 2010

Capítulo 5


Me desperté.
Esta vez no estaba asustada, no me caían las lágrimas y no había gritado.
Aun así el sueño seguía torturándome.
Por fin había visto la cara del ángel, la cara de Pablo.
Miré el reloj, apenas eran las cinco de la mañana, pero no era capaz de seguir durmiendo.
Me levanté y fui al baño a darme una ducha.
La sensación del agua caliente resbalando por mi piel me relajó y durante unos instantes me olvide de todo, incluido el sueño.
La voz de Adelle me sobresalto.
-          Ángela llevas una hora en la ducha. ¿Estás bien? – preguntó preocupada al otro lado de la puerta.
-          No te preocupes, ahora salgo – grité.
Prácticamente me había quedado dormida.
Salí de la bañera y me arreglé el pelo frente al espejo.
-          Creí que te había pasado algo – comentó Adelle al verme.
Le sonreí levemente y entré en mi habitación.
Aun tenía dos horas antes de pasar a recoger a Dana pero decidí arreglarme y pasar a recoger también a Selena.
Escogí un sencillo vestido corto en color negro y unas sandalias a juego.
Me pinté la raya de los ojos sin marcarla mucho y bajé a desayunar.
-          Te he preparado tostadas – dijo Adelle – Están sobre la mesa del comedor junto a un zumo de naranja y un café.
-          Gracias Adelle – le dí un pequeño abrazo.
Cuando terminé cogí las llaves del Lamborgini y me subí en él.
Llegué a casa de Dana media hora antes de lo previsto, pero la casa de Selena quedaba bastante lejos.
-          ¿Qué haces aquí tan pronto? – preguntó.
-          He pensado que hoy podríamos recoger a Selena – expliqué – Así me disculparé por la reunión de ayer.
Dana se montó en el coche a mi lado y fuimos a por Selena.
-          ¡Ángela! – Selena se acercó sorprendida.
-          Hola – saludamos Dana y yo.
-          ¿Y esta sorpresa?
-          Ya ves – sonreí – Pensamos que tal vez te apetecía que te lleváramos a clase.
-          ¡Claro! Avisaré a mi padre.
Selena volvió en cinco minutos y pusimos rumbo al instituto.
Cuando llegamos Erik estaba esperándome en la puerta.
Intenté evitarle pero me agarró por el brazo y me acercó a él.
-          Tenemos que hablar – dijo.
-          ¿No te parece que ayer ya lo dijimos todo?
-          ¿Cuándo me creerás? – suspiró.
-          Cuando me demuestres que es cierto lo que dices – contesté.
Erik me atrajo aun más hacia él y me besó.
-          ¿Qué haces? – grité apartándome.
Todo el mundo nos miraba.
-          Estoy demostrándole a la chica que quiero mis sentimientos – sonrió.
Estaba a punto de decirle que probablemente era demasiado tarde para todo eso, que en su momento me había echo mucho daño, cuando se nos acercó Tesa.
-          ¿Me dejaste por ella? – le gritó.
Empecé a ponerme roja, éramos el centro de atención.
-          No puedo creérmelo – continuó Tesa mirándome enfurecida – Eres despreciable, no te bastaba con quitármelo todo, también tenías que quedarte él.
-          Pero si ha sido cosa suya – intenté defenderme.
Tesa se acercó a nosotros.
-          Me das asco – dijo.
En ese momento me harté, llevaba años aguantando los desprecios de Tesa, sus insultos, incluso sus golpes.
Yo no había echo nada malo, yo no había elegido ser “la hija de los Venn”.
Tesa se dirigía triunfal a la puerta.
-          Tesa – la llamé – Mírame bien.
Se giró para decir algo más y entonces besé a Erik.
Lo abracé con fuerza y sentí su corazón acelerado junto al mío.
Erik sonreía.
-          Serás…
No tuve tiempo de esquivarla, Tesa se abalanzó sobre mí y me empujó por las escaleras.

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