lunes, 30 de agosto de 2010

Capítulo 7


Llevaba dos semanas sin ver a Dana y las demás.
Mis padres se las habían arreglado para que el director nos permitiera a Erik y a mí pasar unos días con ellos en Miami.
Mientras estábamos de “vacaciones” la colección Ángel empezó a tomar forma.
Ya habíamos comprado más de veinte tiendas diseminadas por el mundo y yo había empezado a diseñar algunos trajes.
Me asustaba el buen recibimiento de Erik por parte de mis padres, era como si llevaran toda la vida deseando vernos juntos.
Me estaba acostumbrando a pasar el tiempo con él, empezaba a adorar sus sonrisas y me tranquilizaban sus palabras, pero los sueños del ángel seguían en mi mente.
Hoy ambos reanudábamos las clases.
A pesar de que había hablado por teléfono con Dana tenía muchas ganas de verla y contarle todo lo que había sucedido en los últimos días.
Aparqué el coche y salí con rapidez.
Vestía una camiseta de manga corta en color verde claro y unos vaqueros pitillo con unos zapatos vaqueros.
El pelo lo traía recogido en un sencillo moño.
Dana se acercó corriendo al reconocer el Lamborgini.
Me abrazó con fuerza.
-          Estás preciosa – me halagó - ¡Te has puesto morena en Miami! Tienes que contármelo todo.
-          Entremos que se nos hace tarde – dije tirando de ella – Te lo contaré en clase.
La gente se me quedaba mirando.
Todo el mundo sabía que había faltado dos semanas.
Vi a Tesa sentada en una de las escaleras, apartó la mirada.
Sentí unas manos en mi cadera y me giré para encontrarme con la sonrisa de Erik.
-          Ya te echaba de menos – susurré.
-          Me había acostumbrado a despertar a tu lado todos estos días – sonrió.
Le dí un pequeño beso y tiré de Dana hacia la puerta.
-          Luego te veo – me despedí.
Avanzamos por el pasillo hasta llegar al aula de historia, el director aun no había llegado.
-          Ahora si que tendrás que contármelo todo – pidió Dana – “Me había acostumbrado a despertar a tu lado todos estos días”
Sonreí ante la pobre imitación de Erik.
-          ¿Paso algo verdad? – me preguntó casi en un susurro.
-          Mis padres solo alquilaron dos habitaciones así que la compartimos – contesté divertida.
-          Sabes a que me refiero – me miró expectante.
-          No paso nada.
-          ¡Ángela! Tienes diecisiete años, recién cumplidos, y has pasado dos semanas enteras con tu novio que es, además, el más deseado del instituto.
-          Dana – la reprendí - ¡Solo llevamos dos semanas! No quiero hacer algo de lo que luego me arrepienta – concluí.
-          ¡Está bien, está bien!
En ese momento Frederic llegó y empezó la clase.
Después de una clase, que me pareció interminable, sobre arquitectura antigua, nos dirigimos a biología.
Siempre era agradable ir a clase de Audrey. Al ser pocos alumnos y todos interesados en la materia, las clases eran rápidas y llevaderas.
Me senté con Dana en nuestro pupitre habitual y saludé a Selena.
-          Tengo que contarte algunas novedades que ha habido en estas dos semanas – me informó Dana – Pero mejor en el recreo.
-          De acuerdo.
Audrey hizo acto de presencia y enseguida se percató de mi regreso.
-          ¡Ángela! ¿Cómo estás? ¿Te han sentado bien estas dos semanas? – preguntó.
-          Estoy muy bien, Audrey. Sí, gracias por preocuparte.
Mientras ella empezaba la clase, observé al resto de la clase.
Allí estaba él, Pablo, el chico de mis sueños, literalmente.
Me miró y aparté la mirada avergonzada, esperaba que no se hubiera dado cuenta.
Cuando se terminó biología Dana me arrastró hasta el baño.
-          Haber cuéntame.
-          Últimamente han circulado rumores sobre el profesor Mark – comenzó.
-          ¿Qué clase de rumores?
-          Se cuenta que ha mantenido relaciones con una alumna – me explicó.
No daba crédito a lo que acababa de oír.
-          Incluso el director se plantea tener que echar a su propio hermano – dijo – Pero el caso es que a ti y a mi nos afecta más de lo que crees.
-          ¿Por qué? – pregunté preocupada.
-          Porque he descubierto quien es esa chica.

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