sábado, 28 de agosto de 2010

Capítulo 1

Comprobé el reloj de mi mesita, eran las ocho y diez, sino me daba prisa llegaría tarde al primer día de clase.
Me puse en pie de un salto y corrí hasta el baño.
Tenía el tiempo justo para una ducha rápida, no podía distraerme.
Cuando terminé me dirigí al armario para escoger la ropa.
Tras unos minutos de incertidumbre me decanté por unos piratas vaqueros y una camiseta roja de tirantes. Escogí unas sandalias negras y me peiné el pelo en una sencilla coleta.
Miré de nuevo el reloj, tenía diez minutos para desayunar y pasar a recoger a mi amiga Dana.
Descendí las escaleras con rapidez.
Adelle tenía mi desayuno preparado, unos cereales y una tostada.
Comí, me despedí de ella y entre en el garaje.
Dejando a un lado mi flamante Lamborgini diablo, cortesía de mis padres, me coloqué el casco y me subí en la Kawasaki Ninja que había llegado el día anterior como regalo por mi decimoséptimo cumpleaños, aunque aún faltaba una semana.
Arranqué sintiendo la adrenalina correr por mis venas, aceleré y ascendí la cuesta que me separaba de casa de Dana.
-¿Este es tu nuevo regalo de cumpleaños? – preguntó al verme.
-Exacto – sonreí.
Le entregué un casco y se subió a la moto.
Aun faltaban cinco minutos para la entrada cuando llegamos al instituto, el Océano.
-Ha sido increíble – Dana se bajó de la moto con rapidez.
Sonreí recordando los latidos acelerados de su corazón al subir.
-No sabía que eras tan buena motorista – dijo una voz a mis espaldas.
Me giré y mis ojos se encontraron con los de Erik Carell.
Erik era, sin lugar a dudas, el chico más deseado del instituto pero a mí me parecía un creído y un prepotente.
-Gracias por el cumplido Erik.
-De nada Venn – sonrió.
-No me llamo Venn – dije cortante – Ángela, me llamo Ángela.
-¿Te molesta que te llames por tu apellido, Venn? – preguntó riendo.
-Me molesta que me hablen por mi apellido – contesté – Si solo me halagas por los padres que tengo ya puede irte.
Me alejé con Dana pisándome los talones.
Entramos en el instituto y fuimos al salón de actos, donde cada año presentaban a los alumnos clase por clase.
Nos sentamos en unas sillas del final, el salón estaba medio vacío pero pronto empezó a entrar gente.
Cuando sonó el timbre todos los alumnos del instituto estaban sentados.
El director, Frederic Call, citó a los alumnos del primer curso de la ESO y estos subieron al escenario.
Curso por curso se repitió la misma operación, hasta llegar a segundo de bachillerato, el último curso, mi curso.
Dana y yo subimos al escenario seguidas de viejos compañeros de clase y de un chico nuevo.
-En este curso hay una incorporación al instituto – explicó el director – Demos la bienvenida a Pablo Dever.
El chico dio un paso al frente y pude verlo mejor.
Era bastante alto y tenía un cuerpo envidiable. Llevaba el pelo corto, negro como el carbón, de punta. Al darse la vuelta para que lo viéramos, sus ojos negros emitieron un destello dorado.
Dana me pegó un suave codazo.
-Es aún más guapo que Erik – susurró.
Erik no era nada comparado con Pablo. A pesar de que sus ojos verdes y su pelo rubio atraían todas las miradas le había salido competencia.
-Me gustaría que os presentarais ante vuestro compañero – pidió el director.
Uno a uno fuimos diciendo nuestros nombres.
-Me llamo Ángela – comenté cuando me llego el turno – Ángela Venn.
Por un instante los ojos de Pablo y los míos se encontraron y me sentí como si ya lo conociera, como si siempre lo hubiera conocido.
-Mi nombre es Erik Carrell, oirás hablar de mí – se presentó Erik – Todas las chicas del Océano suspiran por mí.
-Ahórrate ese todas Carrell – dijo Selena Turner, una de mis amigas.
Sonreí.
Erik pareció ignorar el comentario y la miró con aires de superioridad, el chico nuevo estaba a punto de volver a su sitio cuando Erik habló.
-Hasta la mismísima Ángela Venn está enamorada de mí – añadió riéndose.
Todas las miradas se volvieron hacia mí.
Erik sonrió complacido, el chico nuevo me miró interrogante y en los ojos de Selena se leía un atisbo de culpabilidad.
-Más quisieras – murmuré.

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