Llevábamos más de dos horas de compras, el maletero estaba cargado de bolsas.
- Adelle me matará – dije sonriendo – Tengo el vestidor lleno.
- Imagínate nosotras – dijo Vera refiriéndose a Dana y a ella – Compartimos habitación y por tanto también vestidor.
- Algún día me librare de ti – bromeó Dana.
Selena salió de la última tienda en la que habíamos entrado y se nos acercó corriendo.
- ¿Adivinar quien está ahí dentro?
- ¿Erik? – preguntó Vera.
La mención del nombre de Erik me recordó nuestra conversación, aún no se lo había contado a las chicas, ni siquiera a Dana.
- Mucho mejor.
- ¿Pablo? – preguntó Dana sorprendida.
Selena asintió.
- ¿Quién es Pablo? – preguntó Vera.
- El chico nuevo – contestamos nosotras a coro.
Nos echamos a reír.
En ese momento Pablo salió de la tienda.
- ¡Vaya! - dijo al vernos – Tres olas del Océano aquí reunidas. ¿Y quién es la otra chica?
- Me llamo Vera – se presentó – Soy la hermana de Dana.
Pablo llevaba unas bolsas en la mano.
- ¿Tú también estás de compras? – pregunté.
- Un par de cosas – sonrió – A vosotras no os veo ninguna bolsa.
Selena se acercó al coche y abrió el maletero.
- ¡Hay unas cuantas! – exclamó sorprendido – Por cierto, bonito coche.
- Es de Ángela – explicó Dana.
- ¿Quieres dar una vuelta? – pregunté divertida.
- Quizás en otro momento, ahora tengo que irme.
Subimos al coche y conduje hasta mi casa.
Cuando llegamos Erik estaba en el salón.
- ¿Qué haces aquí? – pregunté.
- Tu padre me pidió que viniera – contestó – Tenemos una reunión en diez minutos.
Llamé a Adelle.
- ¿Te comunicó mi padre que iba a venir? – pregunté.
- Llamo hace media hora, me pregunto por ti. Quería que estuvieras presente en la reunión. Le dije que habías salido pero que seguramente volverías a tiempo, pensaba llamarte.
- Gracias Adelle.
Un coche se detuvo en el exterior de la casa.
- Supongo que ha llegado – dije.
Adelle abrió la puerta y entraron mis padres seguidos de su ayudante personal.
- Ángela – mi padre me abrazó – Has llegado.
Observó a las chicas un instante.
- ¿Son tus amigas, verdad? – preguntó mi madre.
- Dana, Vera y Selena – las presenté.
- Chicas, la reunión es privada pero no tardaremos mucho si queréis podéis esperar en la habitación de Ángela.
- No se preocupe señora Venn – intervino Dana – Mi casa está cerca de aquí, subiendo la cuesta. Cogeremos las bolsas y nos iremos.
- Gracias.
Les sonreí y me senté en el sillón al lado de mi padre.
- Bueno, supongo que ya conoces a Erik – dijo él en cuanto se fueron.
- Lo conozco.
- Bien. Erik será el director de nuestra nueva empresa – explicó mi madre.
Los miré desconcertada, Erik hizo lo mismo.
- ¿Para qué pensabas que te llamaba? – le preguntó mi padre.
- No tenía ni idea – admitió.
- Nuestra nueva empresa será en realidad de Ángela – todos me miraron.
- No sé si sabes que Ángela siempre quiso crear su propia colección de ropa – continuó mi madre – Tu labor será distribuir las tiendas y controlarlas.
No sabía que decir. De pequeña les había dicho a mis padres que me gustaría tener mi propia colección pero nunca creí que se hiciera realidad.
- Es nuestro segundo regalo de cumpleaños – dijo mi madre dándome un beso – Espero que te guste cielo.
- Claro que me gusta – contesté.
Aunque la elección de Erik como presidente no me agradaba mucho.
- ¿Cómo se llamará la colección? – pregunté.
- Ángel – mi padre me sonrió satisfecho.
Tal vez mi sueño significaba eso, tal vez era un recuerdo de la colección que quería tener desde niña.
La reunión con mis padres se terminó y ellos se marcharon.
- Piensa en lo que te he dicho esta mañana – me recordó Erik antes de irse.
Cuando todos se fueron llamé a Dana y le conté todo. Lo que había ocurrido con Erik y lo de la colección de ropa.
Después me fui a la cama y volví a tener el mismo sueño.
Solo que esta vez vi la cara del ángel.
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