Me desperté sobresaltada, de nuevo aquel extraño sueño.
Había un chico frente a mí, no podía verle la cara ya que estaba de espaldas. De repente unas enormes alas brotaban de su espalda, cada pluma, de un blanco brillante, reposaba impecable sobre su cuerpo, unos destellos dorados daban la impresión de que las plumas respiraban. El joven empezaba a girarse y entonces despertaba.
Llevaba dos semanas teniendo el mismo sueño, siempre despertaba en el mismo momento.
- Ángela – mi criada, Adelle Sant, entró preocupada en mi habitación - ¿Qué ha ocurrido?
Me sequé las lágrimas con el borde de la sabana.
Siempre despertaba alterada, el sueño me asustaba y me atraía a la vez. Deseaba poder ver la cara del chico, terminar con el sueño de una vez por todas.
- ¿Es otra vez esa extraña pesadilla? – preguntó.
Asentí suavemente demasiado compungida para hablar.
Adelle se sentó en el borde de la cama y me apretó las manos con fuerza.
- Tranquila – susurró – Solo es un sueño.
Pero yo seguía sintiendo que era algo más.
El sueño me atormentaba día tras día, nunca desaparecía.
- Tiene que tener algún sentido – murmuré – Algún sentido.
- ¿Qué sentido puede tener un ángel? – preguntó Adelle recordando mi explicación sobre el sueño.
- No lo sé, pero tiene que tenerlo.
Adelle se acercó a mi escritorio y cogió una pequeña libreta y un lápiz.
- ¿Crees que podrías dibujarlo? – me preguntó – Tal vez así le encontremos una explicación.
Apoyé la libreta en mis rodillas y empecé a dibujar mi sueño.
Cuando termine Adelle miró el dibujo con detenimiento.
- Sabes que no soy religiosa – comenzó – Pero estoy segura de que ninguna religión describe así a los ángeles.
Sopesé su conclusión durante un instante, tenía razón.
- No se me ocurre ningún lugar donde puedas haber oído semejante descripción – prosiguió – Debe ser cosa de tu imaginación.
- ¿Mi subconsciente se ha imaginado esto?
- No lo sé – respondió – Parece un chico joven, puede que incluso atractivo aunque no podamos verle la cara.
Adelle hizo una pausa y me miró dulcemente.
- Quizás estés enamorada de alguien – sonrió – Y tu mente lo imagine como un ser angelical.
- No estoy enamorada – dije – Pero, además, en el sueño el ángel me inspiraba temor. Me sentía atraída y a la vez temerosa de él.
- Entonces no entiendo el sueño – concluyó frustrada.
Me acarició la mejilla secando así las últimas lágrimas y salió de la habitación.
*_* esto esta interesante eh!!
ResponderEliminarescribes muy bien:)
me voy a leer el siguiente jejej
besitos!^^